Eusebio González el esparraguero que aprendió de chico a cogerlos en el campo

De pequeño ya se pinchaba con las esparragueras y hoy no siente nada al cogerlos y se quita los pinchos con la boca

Eusebio González muestra los últimos manojos de espárragos de la temporada. Foto: Pedro Fernández
GENTE CERCANA

Como dicen los japoneses, todo, absolutamente todo lo que se aprende de niño servirá algún día en la vida; y en España, decimos, "lo que se aprende con baba no se olvida con canas". Esto le sucedió a nuestro protagonista de esta sección que, de bien joven tuvo que ayudar en las tareas fuera de casa para poder tirar p'alante. Nació en la calle Donoso Cortés, 143, este valdetorreño es el tercero de cinco hermanos, Nicolasa, Francisco, él, José y María Dolores. Su padre Eusebio González Cerrato, obrero eventual, fue pescador con barca en la ribera del Guadiana a unos 6 kilómetros de Valdetorres. Y su madre, Ana Cerrato Pérez, natural de Arroyo de San Serván, la profesión siempre sacrificada de ser madre en la crianza de seis hijos y labores de la casa.


Eusebio tuvo de primer maestro a don Julián, no se acuerda de más, y no gustándole el estudio se salió pronto de la escuela para trabajar y llevar dinero a casa. Recuerda que cuando tenía 9 años ya sintió en su piel los primeros pinchazos de la mata del espárrago, pero ahora su epidermis es tan dura que no siente pinchazo alguno.

Su padre pescaba con el trasmallo (un arte de pesca constituida por tres paños de red colocados superpuestos, de manera que mientras los dos exteriores tienen la misma luz de malla, el central es más tupido y de mayores dimensiones, de manera que al montarse los tres conjuntamente se forman bolsas en el paño central, en las que quedan atrapados los peces). "La pesca la hacía por la mañana y tarde, capturaba carpas, bogas, picón, black bass... y luego se vendían de casa en casa", cuenta. Eusebio hijo también aprendió este oficio del padre; "y por la noche, con carburo y una tabla, nos íbamos a coger ranas, mi padre y yo, y así era otro ingreso más para la casa", revela como otra labor de subsistencia que aprendió.

Guadiana

Recuerda aquellos primero años de los espárragos, "nos íbamos a Yelbes, a la finca de Juana Sosa, también a los Turuñuelos a coger espárragos; teníamos que cruzar el Guadiana andando, el agua nos llegaba por los tobillos, pero a la vuelta, había días que el río te cubría hasta el pescuezo y encima con los espárragos que llevábamos..., y otras veces cuando cruzaba el río algunos espárragos se me escapaban porque los llevaba metidos en una esportilla", relata Eusebio de aquellos días de penuria a la vuelta a casa cruzando el Guadiana hasta los ojos.

"Hay espárragos que no se ven. El espárrago debe ser arrancado de raíz para que la esparraguera siga criando. De esto no se vive, te ayuda, sí, pero es muy sacrificado", confiesa Eusebio. Se pueden llegar a coger dos manojos buenos, es lo normal dice este esparraguero, manojos de 5 ó 6 kilos cada uno, cinchados con cuerdas o torviscas. Después los vende mediante cartas, unas 52 a un euro la carta, para que una mano inocente corte y elija el número y palo de la baraja. Después Eusebio desandará lo andado para buscar al afortunado.

Los espárragos los hay desde noviembre hasta abril. Espárragos trigueros criados por la naturaleza. "Cuando sales al campo a por espárragos lo honesto es desviarte de quien esté cogiendo espárragos y coger otro rumbo", aconseja Eusebio. "Estoy desde las 7 de la mañana hasta las 12 o 12'30 del mediodía. Ya me cansa, sobre todo las piernas de tanto patear..., y la vista también". "Me pincho con las esparragueras pero me quito los pinchos con la boca", cuenta este valdetorreño afincado en Guareña. Informa que espárragos hay por muchos sitios pero es en la sierra donde hay más.

El 20 de enero de 1980 se casó en Guareña con Mª Antonia Benítez Parra y fruto de su matrimonio tuvieron dos hijos, Eusebio y Jesús. Ahora que recientemente se ha acabo la temporada del espárrago triguero le buscan para trabajar en la fruta, "los espárragos voy cuando no tengo nada de trabajo y es muy duro el esparragueo, se patea mucho, te cansas..., el manojo que cortas lo tienes que preparar para venderlo, que esté bien presentable, y otra vez a patear por los bares vendiendo cartas, y luego vuelves a informar qué carta ha tocado, echo una hora a venderlo, aproximadamente", hace balance Eusebio del trajín que tiene entre cogerlos en la sierra hasta mostrar la carta.
 
"Nunca me he venido vacío de espárragos, dice, si los cojo se lo agradezco a Dios, no a nadie más. Es con mi esfuerzo. Yo gracias a los cuatro espárragos que cojo sino... ¡mal está la cosa! La gente joven lo tiene mal porque no hay trabajo", asegura Eusebio González, un esparraguero convencido de su artículo por las ventajas que tiene al organismo humano.
 

Ventajas

Tiene mucha cantidad de líquido y en proporción muy pocas calorías, con lo cual viene bien para las dietas de adelgazamiento. Tiene más ventajas: mucha fibra, o sea que para el estreñimiento viene muy bien; también la hipertensión porque tiene propiedades diuréticas; además de propiedades antioxidantes, con lo cual previene muchos cánceres. Es un producto muy saludable. "Están muy buenos, se hacen tortillas, sopas, revueltos, es un plato de supervivencia antiguamente, junto a las habas, pero los espárragos les gusta a mucha gente", concluye Eusebio hablando de su faceta ya terminada por este año, y ahora toca patear menos.