Ernesto Donoso en su punto de venta en Don Diego López.
Ernesto Donoso en su punto de venta en Don Diego López. / Pedro Fernández.

Ernesto Donoso, el ciego que ha convertido su vida de colores a olores y sonidos

  • GENTE CERCANA

  • Vio los colores de la vida hasta los 26 años. Se le desarrolló una enfermedad degenerativa. Nació con ella, pero se desarrolla con la adolescencia, se trata de la retinosis pigmentaria, "progresivamente condena segura", dice Ernesto sobre su enfermedad. Y espera que mejore la accesibilidad por las calles de Guareña

Una buena dosis de energía -que los de la organización nacional de ciegos españoles llaman ilusión- es el combustible que permitió poner en marcha en 1938, lo que hoy el mundo conoce como ONCE. No es chauvinismo. En sus más de 75 años de existencia, que la Organización celebró en 2013, ha construido un sistema de prestación social para personas con ceguera o discapacidad visual severa sin equivalencia en ningún otro país del mundo.

Esa misma fuente de energía -la ilusión- permitió que en 1988 viera la luz un gran proyecto; la Fundación ONCE para la cooperación e inclusión Social de las personas con discapacidad, que en 2013 celebró así también sus 25 años. En este lapso Fundación ONCE ha generado más de 80.000 empleos para personas con discapacidad. Es una corporación de derecho público de carácter social sin ánimo de lucro que tiene el propósito fundamental de mejorar la calidad de vida de los ciegos, deficientes visuales y discapacitados de toda España. Cuenta con 72.256 afiliados (a 31 de diciembre de 2016), de los cuales el 80% son personas con deficiencia visual grave y el 20% personas con ceguera total.

Ernesto atiende amablemente a una clienta.

Ernesto atiende amablemente a una clienta. / Pedro Fernánde.

Ernesto Donoso Donoso es una persona ciega nativa de Entrerríos, entidad local menor de Villanueva de la Serena. Es uno de los 20.000 agentes vendedores de la ONCE que comercializan cupones diarios destinado en Guareña. Nació el 28 de febrero de 1974 (43 años). Es el pequeño de cuatro hermanos (Víctor, Pepi, Juan Carlos, y Ernesto). Vio los colores de la vida hasta los 26 años. Se le desarrolló una enfermedad degenerativa. Nació con ella, pero se desarrolla con la adolescencia, se trata de la retinosis pigmentaria, "progresivamente condena segura", dice Ernesto sobre su enfermedad.

Ingresa en la ONCE con 30 años como afiliado a la organización. Y cuatro años después ejerce como vendedor de cupones y decide casarse con la peruana Verónica Mercedes Quiriz (de Lima). Fruto de su matrimonio tienen una niña de 7 años, Andrea.

Recorrer las calles céntricas de Guareña y pasar por la conocida "esquina de Banesto" en Don Diego López, es ver a Ernesto vendiendo cupones. Ese lugar es su punto de venta, salvo que salga el día lloviendo y tenga que cobijarse en la entradilla de Confecciones Gallego. Así lleva nueve años.

¿Cuándo dará el gordo?

El Cupón Diario de la ONCE ofrece, por 1,5 euros, 55 premios de 35.000 euros a las cinco cifras. Además, el cliente tiene la oportunidad, por 0,5 euros más, de jugar también a la serie, y ganar “La Paga” de 3.000 euros al mes durante 25 años, que se añadirá al premio de 35.000 euros. Tendrán premio de 500 euros los números anterior y posterior al agraciado; y premio de 200, 20, y 6 euros a las cuatro, tres y dos últimas cifras, respectivamente, del cupón premiado. Así como reintegros de 1,5 euros a la última y primera cifra. Como siempre, gracias al Terminal Punto de Venta (TPV), el cliente puede elegir el número que más le guste. Ernesto vende entre 100-150 cupones diarios, aunque el viernes se incrementa "porque es más atractivo". Sus clientes de más confianza le recuerdan constantemente: ¡cuándo dará el gordo! Y nadie más que Ernesto lo desea como agua de mayo. Cuenta que en 2012 vendió 10 cupones de 25.000 euros cada uno, "ha sido el premio más gordo que he dado y me sentí muy orgulloso por la felicidad de la gente".

Su recorrido habitual

Ernesto lleva su ceguera con resignación, es agradable, simpático, paciente, y empatía con sus clientes. Su camino siempre es el mismo. Su recorrido es el diario de lunes a viernes. Se viene en autobús a Guareña bien temprano, 7.45 horas, se dirige andando al mercado de abastos donde se cita con los primeros clientes y el cafelito caliente que le sirve José García; después se va a su lugar fijo a "la esquina de Banesto" hasta las 14.30 horas, y culmina su jornada yéndose al bar Oliva a tomarse unas merecidas cervezas fresquitas que le sirve Mariano Domínguez; y finalmente se marcha por Estacada y San Gregorio aprovechando venta de clientas en casas particulares… hasta la Estación de autobuses donde le espera su mujer Verónica para llevarle a Villanueva de la Serena, que es donde viven.

Ernesto 'mirando' al objetivo de la cámara.

Ernesto 'mirando' al objetivo de la cámara. / Pedro Fernández

"Busco las cosas por los olores"

Si le saludan por la calle conoce por la voz quién es la persona amiga que le da los buenos días. Afirma que al ser ciego "no se agudizan los sentidos, se utilizan otros; ahora voy buscando las cosas por los olores", con lo que ha convertido su vida en olores y sonidos más que en colores. Siempre hay ángeles de la guarda a su vera. Lo nota, lo siente… Cuando algo se le cae "siempre hay alguien que me ayuda". Ernesto por su ceguera tiene que sortear infinidad de obstáculos, valiéndose, unas veces por su intuición y otras por ayuda de personas que conviven a su alrededor. Se ayuda de su bastón blanco de 1,32 metros y de su "contera canadiense". Se trata de una vara ligera para las personas ciegas y sirve de guía para desplazarse de manera autónoma por las calles o locales públicos. El bastón de Ernesto tiene una empuñadura de goma y en la parte inferior una puntilla metálica rodante, llamada "contera" que sufre los golpes, impactos… y sirve de aviso a la persona ciega. Nuestro protagonista dice que esta parte del bastón le dura seis meses, aproximadamente, y el bastón unos dos años, que le cuesta 40 euros comprándolo a la ONCE.

Barreras arquitectónicas

Ernesto sufre constantemente las barreras arquitectónicas de la población donde pisa. "Noto la irresponsabilidad de quien ve", dice. "El pueblo no está bien dotado para la discapacidad porque está antiguo", refiere a las calles de Guareña. Donde nota mayores dificultades en su trayecto diario, es por: cruzar la carretera para ir al Coto, calles sin aceras (callejilla angosta), acera de la Banca Pueyo con dificultades, y pasos de cebra sin baldosas con relieve, "para que los invidentes lo sepamos tiene que haber relieve en los pasos de cebra, porque los videntes sí sabéis que son paso de cebra porque lo veis, ¿pero y nosotros?", ahí queda la pregunta para quién corresponda solucionar y mejorar la accesibilidad en la población.

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