Alberto Gómez Navarro finalista de las Becas Europa, alumno de 2º de Bachillerato del IES 'Eugenio Frutos'. Foto cedida.
Alberto Gómez Navarro finalista de las Becas Europa, alumno de 2º de Bachillerato del IES 'Eugenio Frutos'. Foto cedida.

Alberto Gómez finalista de la XII edición de las Becas Europa

  • ENTREVISTA

  • “He aprendido a amar, a amar la vida, a levantarme cada día de la cama con ganas de mover el mundo, de mejorarlo, de trabajar”.

Nuestro alumno Alberto Gómez Navarro, de 2º de Bachillerato 'A', nos cuenta en esta entrevista para la revista del Instituto 'Eugenio Frutos', ARGOS, su experiencia como finalista de la XII edición de las Becas Europa, que cada año, desde el 2005, otorgan el Banco Santander y la Universidad Francisco de Vitoria a 50 alumnos de 2º de Bachillerato, con más de un 9 de nota media, seleccionados de entre más de 5.000 aspirantes.

Origen de las Becas Europa

Un crucero universitario de 1933 origen de las Becas Europa. Cuando en junio de 1933 partía del puerto de Barcelona el Ciudad de Cádiz, un barco fletado por la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, nada hacía presagiar que ése sería el origen de las Becas Europa, que cada año otorgan el Banco Santander y la Universidad Francisco de Vitoria.

En aquel momento, unos 200 profesores y estudiantes de distintas universidades españolas se embarcaron en una aventura para conocer los enclaves más emblemáticos de la historia, la filosofía y el arte de la civilización europea. Los encuentros con figuras tan notables de nuestra cultura, como Ortega y Gasset, Julián Marías, Fernando Chueca, Gregorio Marañón, Valle Inclán o Vicens Vives, estuvieron entre las experiencias más enriquecedoras del viaje.

Imagen divertida de algunos amigos de Alberto (tercero por la izda.)

Imagen divertida de algunos amigos de Alberto (tercero por la izda.) / Cedida.

Setenta años después, el Banco Santander y la Universidad Francisco de Vitoria quisieron imitar ese histórico crucero universitario con la creación de Becas Europa en 2005, con el objetivo de contribuir al progreso de las personas y de las empresas.

El programa, que ya va por su XIII edición, tiene como objetivo adentrarse en la esencia de la universidad para despertar en sus futuros alumnos la actitud del verdadero universitario. A través de un viaje de tres semanas por las principales capitales universitarias de Europa, los estudiantes tienen la oportunidad de reunirse con profesionales líderes en su campo, asistir a conferencias y conocer a las máximas autoridades de las instituciones que visitan.

El proceso de selección de las Becas Europa comienza en Primero de Bachillerato y finaliza en Segundo cuando, una vez terminado el instituto, se celebra el viaje.

Más de 5.000 colegios en España presentan a sus tres candidatos ideales a Becas Europa. Para participar, los alumnos tienen que inscribirse vía online y contestar a una serie de preguntas sobre sus intereses y motivaciones. Los candidatos se seleccionan teniendo en cuenta no sólo su rendimiento académico, con una nota media de bachillerato mayor de 9, sino también sus inquietudes culturales y sociales, y las habilidades que han demostrado en el año y medio que dura el proceso.

Entrevista a Alberto Gómez

¿Qué palabras crees que definirían tu experiencia en la XII edición de las Becas Europa?

Herencia, Universidad, Cultura, Superación, Emprender, Imaginación… Muy pocas palabras pueden describir esa atmósfera que nos envolvía, un regalo disfrutado en compañía de personas maravillosas.

¿Cómo surgió esta oportunidad?

Todo empezó ya hace más de un año. El instituto ofreció a las tres personas con mejor expediente académico la oportunidad de participar en un programa preuniversitario llamado Becas Europa, por suerte, yo me hallaba entre ellas. Debo admitir que mi primera reacción ante la noticia fue quitarle importancia, pues desconocía la existencia de esta beca. Sin embargo, cuando me explicaron detenidamente en qué consistía ésta, llegué a comprender el mérito que suponía pasar cualquiera de las fases debido a la amplia participación de estudiantes de entre más de 4000 centros a nivel nacional.

¿Cuál es el premio final de esta beca y cómo te seleccionan entre miles de estudiantes extremadamente buenos?

En cuanto al premio, si después de pasar por todas las fases te encuentras entre uno de los ganadores, tendrás el placer de viajar 20 días gratuitamente por las mejores universidades de Europa, conociendo importantes ciudades europeas como París, Bolonia, Roma, Heidelberg, Londres… A pesar de este premio material, el gran logro del que te puedes sentir orgulloso comienza en el mismo instante en que te comunica tu centro que tú eres uno de los elegidos para ganar esta beca, creo que ese momento fue la primera vez que en toda mi vida sentí mi esfuerzo académico valorado y recompensado.

Foto para el recuerdo, Alberto está agachado (primero por la drcha.)

Foto para el recuerdo, Alberto está agachado (primero por la drcha.) / Cedida.

¿Cuéntanos cómo fue el proceso de selección?

Por lo que respecta a la selección, yo partía sin ninguna esperanza ni expectativa de pasar alguna de las fases, dada la calidad de los otros participantes, pese a ello, inesperadamente conseguí llegar a la última fase. El proceso de selección consta de cuatro fases: la primera fase consistía en responder online un test de personalidad con el que miden tus habilidades expresivas, imaginativas e intentan conocer con mayor profundidad al ser humano que está más allá de una simple nota académica. Entre otras preguntas, se encontraban las relacionadas con tu familia, fracasos, éxitos, referentes sociales…

¿Cuándo supiste que habías pasado a la segunda fase? ¿Cómo te sentiste?

La resolución de esta fase se completó en abril, cuando me enteré de que una compañera del centro y yo éramos dos de los 800 candidatos que seguíamos en este viaje. Imagínate, con nervios, alegría. Lo viví con moderada alegría, porque sabía que me tenía que enfrentar a más pruebas, pero a medida que iba superando las fases… la alegría era mayor. Este proceso, a pesar de la incertidumbre se ha convertido en una de las mejores experiencias de mi vida.

Para la segunda y tercera fase del concurso tuviste que desplazarte, ¿no?

Sí, tuve que desplazarme a Cáceres, donde se llevaban a cabo las entrevistas presenciales por las que debíamos pasar. La entrevista se basó en una dinámica de grupo, en la que cada componente debía desarrollar un aparato para mejorar la calidad de vida de las personas invidentes. Afortunadamente, les gustó mi intervención en dicha prueba y llegué a la tercera fase, ahora tocaba realizar un montaje audiovisual de un minuto de duración, sobre mi proyección de futuro dentro de 20 años (el video está disponible en YouTube: Alberto Gómez Navarro-Becas Europa XII). La colaboración de PolaricFilms, con los que estaré eternamente agradecido por su ayuda en el montaje y edición del video, fue determinante para que yo fuese seleccionado como uno de los 300 finalistas que se iban a jugar una de las 50 plazas de esta beca.

¿Cómo fue la última fase? ¿Cómo manejaste la presión de pasar a la fase final?

Esos tres días fueron los más cortos de mi vida, créeme, pero fueron intensos, muy intensos. Me resulta muy difícil expresar con palabras todos los sentimientos, emociones, enseñanzas y valores que experimenté en ese momento. Había presión. Lo más complicado estaba superado, pero aún quedaba la final. La última y cuarta fase consistía en disfrutar de un fin de semana en la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid, universidad fundadora de este programa, de la que siempre guardaré un buen recuerdo. Asistimos a ponencias, realizamos dinámicas de grupo, participamos en una gymkana, hicimos nuevas amistades, tuvimos más entrevistas personales, charlas y tuvimos que presentar nuestro proyecto final.

¿Qué actividad fue la que más te gustó de esta última fase?

La ponencia que más me conmovió fue la impartida por Fernando Apan, un pianista ciego que hacía latir mi corazón con cada tecla que tocaba. Curiosamente, la música de este artista ciego abrió mis ojos. Él, que sentía menos la luz, fue el que más luz desprendía, es decir, el ciego me enseñó a ver, a mirar la realidad desde otra perspectiva y a aprender que a pesar de la adversidad a la que nos enfrentemos, siempre hay una salida. Sin duda alguna, fue un ejemplo inolvidable de superación.

¿Sobre qué tuviste que hacer el proyecto final?

El último día debíamos exponer delante de un tribunal el proyecto que veníamos preparando tres meses antes, ya que el objetivo primordial de la última fase se basaba en desarrollar un proyecto en grupo para mejorar la calidad de vida en los campos de refugiados. En mi caso, mi grupo propuso un proyecto que permitiese mejorar la alimentación en estos campos, basándose en alimentación transgénica, sobres de micronutrientes…

¿Cuál ha sido lo más complicado de toda esta experiencia?

La distancia sin duda. El proyecto ha sido la parte más complicada por dos motivos: por tener que hacerlo desde la distancia, ya que cada integrante del grupo era de una parte de España y por tener que compaginarlo con la complicada y estresada vida de un estudiante de segundo de bachillerato. A pesar de ello, resolvimos la iniciativa muy bien y obtuvimos elogios del tribunal.

¿Te desilusionó no ser uno de los 50 alumnos becados?

Una vez finalizado el fin de semana, todos volvimos a casa motivados, con ganas de comernos el mundo y nerviosos ante la espera de la resolución final del programa. Desgraciadamente, mi paso por Becas Europa finalizó en la última lista de seleccionados, cuando mi nombre ya no aparecía. Debo admitir que por unos instantes me entristecí, pero al poco me repuse comprendiendo la gran hazaña que había logrado. Comencé sin ninguna expectativa, y al final me he convertido en uno de los 300 mejores estudiantes de 2º de bachillerato.

¿Con qué te quedas de esta experiencia?

Lo más grande que me llevo de esta vivencia es haber crecido exponencialmente como persona, he aprendido a amar, a amar la vida, a levantarme cada día de la cama con ganas de mover el mundo, de mejorarlo, de trabajar. He podido compartir mis inquietudes con otros jóvenes como yo y lo que creo más importante, me han enseñado a pensar.

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