Juan Juez remedia algunos males sobre "culebros" y "mal de ojo"

Es conocedor de muchas hierbas para prácticas en la medicina popular que cura dolores de tripas, dolores musculares, almorranas, circulación de la sangre, piedras en el riñón...

Juan Juez espera que alguien de su familia recoja el guante de continuar remediando los males que el practica rezando y haciendo un bien a los demás. Foto: Pedro Fernández Lozano
GENTE CERCANA
Esto puede dar una idea de la importancia que tienen estas creencias para poder comprender a nuestro protagonista de noviembre en esta sección de Gente Cercana. Juan Juez y Toribio es hijo de Juan María Juez Frutos y de Alfonsa Toribio Isidoro. Juan es el primogénito de cinco hermanos, después vendrían Victoria, Lorenza, Delfina y Juana María.
Con 14 años entra a trabajar en la finca "El Gamero de arriba", conocido popularmente como "Fuente del tío Marcelo", en carretera de Manchita, hasta hoy; y que el 30 de diciembre cumplirá 62 años. De muchas cosas que conoce se lo debe a su compañero de trabajo Luis Carrillo. "Él me ha enseñado a conocer muchas hierbas y sus funciones curativas", dice.
El objetivo de estas prácticas mágicas y rituales es remediar un mal en una persona. Curar sus dolencias, sin duda, con los conocimientos transmitidos. En esta ocasión, los recibidos por Juan Juez. "Esto lo aprendí de gente porque tuve la curiosidad de aprenderlo", declara, y que al mismo tiempo le gustaría que algunos de sus tres hijos recogiera el testigo para seguir esta tradición por un bien a los demás. Está casado con Inés Barjola Gallardo y fruto de su matrimonio tienen tres hijos: Juana María, Francisco José y María Victoria, tres nietas y un varón de camino, y dos sobrinas adoptadas, Triana y Rocío, completan la familia.
El culebro
"Rezo el culebro (herpes) mediante una prenda rozada donde lo tiene la persona afectada, y con 9 pajas de centeno las voy cortando juntas 9 veces. Se reza primero al trapo (prenda de la persona afectada) y se van cortando las pajas y después digo la oración siguiente: 9 ovillos tiene María Santísima en su falda con las tres hurdes y las tres damas, y con las tres a su paciente sana, si eres macho córtate cabeza y rabo, y si eres hembra, rabo y cabeza; y corto tres veces las pajas. Vuelvo otra vez a rezar y cortar, y así hasta tres veces. Todo esto durante 9 días", explica Juan su ritual de cara "al culebro" que siempre comienza por un padrenuestro y finaliza con una Salve, quemando las pajas durante 9 días seguidos. Asegura que a los tres días la persona afectada suele estar mejor.
Esta enfermedad del "culebro" es producida por el virus herpes zóster que por provocar una erupción de la piel con una cierta similitud a una culebra se le denomina "culebro, culebrón o culebrilla". Juan sabe tratar el mal de forma sencilla, pero no sabe atribuirle etiología alguna al herpes. Solo sabe lo que le han enseñado y de forma desinteresada emplea su tiempo libre, eso sí después de venir del trabajo en el campo, para hacer un bien a los demás. "Esto lo hago de forma voluntaria, yo no cobro nada, algunos me dan propina, y se agradece", manifiesta Juan Juez.

El tratamiento que Juan emplea para los "culebros", tiene que empezar a rezarlo antes de que "se cierre la culebra"; es decir, "que la cabeza no se muerda la cola". Si el "culebro" está muy fuerte "las pajas cortadas se fríen con aceite de oliva, escurro el aceite, las pajas se queman, y con el aceite se unta en la parte afectada de la persona", cuenta Juez. "Porque cuando se juntan la cabeza con el rabo da fiebres muy altas, y es hembra; pero si es macho solo se queda según sale", aclara.

En el momento de redactar esta noticia de Gente Cercana, nuestro protagonista trataba un nuevo "culebro". Le vienen gente de Madrid, Sevilla, Badajoz, Huelva, y muchos de Guareña, tanto niños como jóvenes y adultos. "Los de fuera me traen en un sobre la prenda para que se la rece", dice.
Mal de ojo
"El mal de ojo" es una enfermedad universal con un origen muy primitivo; los griegos y romanos lo llamaban hechizamiento, y San Pablo lo llama fascinación. Es "un influjo maléfico" que las gentes creen que alguien puede ejercer sobre cualquier persona, si la mira de un modo particular, sobre todo a los niños... La causa reside en la mayoría de los casos en conflictos con los vecinos.
Se trata de una superstición que tiene dos acepciones, una como creencia y otra como patología. Los síntomas más importantes de la enfermedad son: dolor de cabeza, mareos, vómitos, expulsión de espuma dulce por la boca, contracciones y somnolencia, no querer comer, tristeza, malestar general, etc. Se diagnostica a través de la prueba de aceite.
Juan también trata "el mal de ojo", "preparo un plato con agua y un vaso con aceite de oliva, y la foto de la persona delante, y rezo lo siguiente: cuatro ojos te miran y dos te van a sanar con la Virgen María y la Santísima Trinidad; después mojo el dedo en el aceite y dejo caer tres gotas en el plato, si está afectado la gota desaparece. Esto lo hago tres veces durante nueve días (novenario) y a medida que la gota de aceite se va quedando el mal de ojo va desapareciendo", relata Juez.
El alunado
El alunamiento comprendería un conjunto de enfermedades o síndromes patológicos infantiles, como trastornos digestivos, erupciones cutáneas, daños en partos o meningitis. "De los niños pequeños no era aconsejable tender ropa interior, pañales, calzoncillos, braguitas... en los corrales cuando había luna llena; se ponía el niño malito y eso era señal que le había cogido la luna, pero yo no rezo eso, porque no lo sé", informa Juan.
Pero sí que trata a personas con verrugas para que le desaparezcan, y lo cuenta. "Se cuenta las verrugas que tiene la persona, por ejemplo si tiene 30, entonces cojo 30 hojas de un olivo y las entierro, y al cabo de un tiempo las verrugas se secan y desaparecen; hay gente que lo hace untando tocino añejo en las verrugas de la persona, pero yo practico con las hojas de olivo que me han enseñando", informa.
De su abuela paterna, Ramona, se acuerda que, con un vaso, haciendo de ventosa calmaba los dolores al colocarlo en la zona dolorosa. "No sé si me viene esto de los rezos de mi abuela, pero ella también hacia bien a la gente", dice el nieto. Conoce las hierbas para sanar molestias, "el té silvestre, para dolor de tripa; la sanguinaria, para la circulación de la sangre; raíz de la azolla, para almorranas; pepinela, para dolores musculares; la rompepiedra, para piedras en los riñones; árnica, para los negrales o los machaos, etc.". Las conserva en su casa para necesidades de vecinos que le reclaman por dolencias o malestar del cuerpo. Así cuenta Juan Juez su saber de lo que le han transmitido.