Su vinculación laboral de aprendiz de pintor le inspiró a escribir la arquitectura autóctona del pueblo

Andrés Retamal natural de Don Benito ha estado muy vinculado a esta villa y el próximo 12 de junio publicará su libro "Guareña una villa con arquitectura vernácula propia"

Andrés Retamal Ojeda por la plazoleta de San Gregorio investigando la arquitectura autóctona de casas de Guareña. Foto: Pedro Fernández Lozano
GENTE CERCANA

El libro que presentará va dedicado a su madre, Luisa Ojeda Mata, nacida en Valdemorales, provincia de Cáceres. Su familia ha vivido una epopeya de subsistencia a lo largo de la historia.

Cuando acabó la contienda civil se fueron a Don Benito porque en su pueblo no había proyección de futuro. Su padre, Julián Retamal Román, vendía especias (comino, azafrán, pimienta, clavo, nuez moscada...) que se utilizaban para el guiso de embutidos de la matanza del cerdo. Y como en Don Benito había más proyección de mercado "nos vinimos a vivir allí, y mi padre vendía por las calles. También mi madre voceaba, pregonando por las calles dombenitenses", cuenta Andrés.

Entre los años 1955-1965 su madre se montaba en el tren camino de Guareña para vender especias y cuando llegaba a la estación "cogía andando hasta el pueblo", sabiendo que a la vuelta había que desandar lo andado. Serían pues, 8 kilómetros cada vez que venía a venderá a esta localidad. Y cuando entraba por las primeras calles de la población comenzaba a pregonar lo que vendía: "azafrán, pimienta y clavo, que se va la cominera mujeres...", recuerda su hijo la lucha de su madre por vender para comer. Luego Luisa contaba cuando llegaba a Don Benito cómo eran las casas grandes que veía en Guareña, en lo referente a sus bóvedas y espaciosidad.

Recuerdos de Guareña

Eran 6 hermanos: Paula, Francisco (ya fallecido), Brígida, Paco (también fallecido y con el mismo nombre que el segundo hermano tras deseo de su madrina, según deduce Andrés que se diferenciaban en vida por Francisco, el primero, y Paco, el segundo), nuestro protagonista, y Julián. Con el tiempo Andrés vino de aprendiz de pintor a trabajar a Guareña con su maestro pintor decorador, José Gallego Sánchez. Iban a pintar a casas grandes en Guareña. La primera, según recuerda Andrés, fue en casa de Paco Cortés. Aquí, la curiosidad del joven aprendiz en todo lo que veía le hizo entrar en una de las dependencias y al abrir la puerta se asustó de un enorme búho disecado que, más que embalsamado, le parecía de verdad y todavía recuerda aquella escena de sobresalto. Tendría 12 ó 13 años y le impresionaba la sillería de estilo isabelino. Después a la de María Cortés, Elías Carrasco... En esta última,. Todavía recuerda aquella escena de sobresalto. También recuerda con 12 ó 13 años que tenía, las sillerías de estilo isabelino que todavía perpetúa en su memoria. Él, que venía de una familia humilde, viviendo en una media casa, de palos y cañizo de bóveda, todo aquello que veía le parecía de película. También pintó la casa del cura, entonces Maximiliano Sánchez (ejerció su ministerio en la parroquia de San Gregorio entre 1959 y 1969).

En otra ocasión vino Andrés a Guareña en una excursión con Juventudes Obrera Cristiana, a la cual pertenecía, para ver la iglesia de Santa María que le encantó por sus proporciones, amplitud, altura...

En el año de 1965, con 20 años, emigra a Vilafranca del Penedés (Barcelona) y vive en Cataluña durante 40 años sin olvidar su tierra. Estando allí hace el servicio militar en la marina, en Cartagena. Se casó en 1973 con Pepita Sánchez Sánchez, natural de Puebla de la Calzada, y fruto de este matrimonio tienen dos hijos varones, Julián y Andrés. Cuando fallece Pepita en enero de 2001 publica el libro "Don Benito a través de su arquitectura. La ciudad que nos ha llegado", editado por el Ayuntamiento calabazón. Tres años después Andrés decide jubilarse con 60 años. En 2005 se viene para Don Benito, ciudad de mucha querencia.

Su libro sobre Guareña

El próximo mes de junio quiere publicar el segundo libro referente a esta población, que lleva por título "Guareña una villa con arquitectura vernácula propia", y por subtítulo, "Estudio: histórico, arquitectónico y urbanístico, de la villa que nos ha llegado".

"En el libro habla básicamente de arquitectura desde los orígenes hasta nuestros días, con pinceladas de hechos históricos más importantes de Guareña", dice. Ha investigado durante más de tres años el archivo parroquial en más de 40 libros y el archivo municipal, destacando el Catastro de Ensenada en trabajos de campo e investigación. Lo tiene estructurado en seis capítulos con un prólogo donde habla de la esencia y alma de la población, de elementos arquitectónicos que definen la particularidad de la construcción en Guareña entre finales del siglo XVIII y el XIX. Completa su obra con tres anexos hablando de alcaldes y cargos concejiles, casas con portadas de cantería, y un tercero donde recoge antiguos alarifes (albañiles), maestros de obra y contratistas arquitectos.

El libro tiene 405 páginas y 390 fotografías, así como dibujos. Se ha llevado más de tres años viniendo a Guareña dos veces en semana como mínimo y tres o cuatro veces a la semana. Por estos días se le ve por las calles de Guareña rematando imágenes de mayor calidad para que pueda salir publicado el 12 de junio, y le preguntan algunos vecinos que cuándo saldrá. Andrés contesta que se presentará públicamente en la casa de la cultura en un acto apadrinado por la asociación cultural Luis Chamizo. Y será el propio Retamal quien lo edite. Se venderá a 20 euros desde el mismo día de la presentación.

Andrés destaca algunas casas de Guareña con más de 20 varas de fachada, hasta algunas con 40 varas, y acentúa su interés en las bóvedas de la casas. "Cómo esta construcción mejora el microclima interior de los inmuebles y refuerza la estructura de la casa dando estabilidad al edificio", señala. Se queda con las ganas de haber visto algunas casas, tales como la hipotética natal de Luis Chamizo, el palacete de Catalina Cortés, y otras.

A Cataluña

En julio piensa volver a Cataluña donde están sus hijos y una nieta que le esperan, además de sus hermanos Paula, Brígida y Julián. Suscribe Andrés que se va de la tierra donde ha nacido a otra donde le acogió durante 40 años, y estando allí le concedieron la medalla de la ciudad de Vilafranca del Penedés por su compromiso cívico-social con el municipio. Es un hombre inteligente, luchador, constante, y con valores muy definidos sociales.