

Alberto Gómez Navarro tiene 23 años, natural de Guareña. Es hijo de Francisco Gómez Romero y Paqui Navarro Acevedo. Es Graduado en Bioquímica, con mención en biología molecular, y Graduado en el Máster en Neurociencia, especializado en Neurociencia clínica.
En septiembre de 2017 comenzó sus estudios universitarios en el Grado en Bioquímica por la Universidad de Málaga. Al inicio, le fue duro por el gran cambio de estar lejos de su familia y amigos, pero al mismo tiempo tuvo la suerte de rodearse de buena gente y descubrir nuevas facetas de su personalidad «que han aportado mucho a lo que soy a día de hoy», dice. Alberto tenía, y tiene, una amplia sed de conocimiento y la ciencia era el camino perfecto «para tratar mi curiosidad patológica».
En septiembre de 2021, a punto de finalizar su grado, comenzó una estancia de movilidad Erasmus + en Múnich (Alemania). Cursó diferentes módulos en neurofarmacología, genética y microbiología en la Ludwig-Maximilians-Universität München (se encuentra entre las mejores universidades del mundo). Asegura que es la experiencia que más le ha marcado y transformado en todos estos años. A nivel académico, recibió formación en el desarrollo de posibles fármacos para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas y trastornos psiquiátricos. Además, tuvo la oportunidad de participar en un proyecto biotecnológico con el que «planteamos una alternativa terapéutica para combatir el cólera, enfermedad virulenta y en algunos casos letal que sigue afectando gravemente a algunas regiones de África y Asia». Concretiza Alberto en la propuesta sobre el uso de bacteriófagos (virus que infectan bacterias) y la herramienta de edición genética CRISPR-Cas9 «para eliminar la toxina letal que libera la bacteria responsable de la enfermedad».
Modelo de estrés por derrota social
Tras finalizar en marzo de 2022 su Erasmus, regresa a Málaga para realizar la actividad experimental relacionada con su Trabajo Fin de Grado (TFG), que trató sobre las alteraciones del estrés crónico en el hipocampo de ratones sometidos al modelo de estrés por derrota social. Analizó el comportamiento de la microglía, «células que forman parte del sistema de defensa del cerebro y nos protegen ante cualquier daño o infección».
El modelo de estrés por derrota social se basa en el empleo de ratones con dos roles diferentes: un ratón residente y un ratón intruso. Explica que el ratón residente permanece en su jaula y se verá amenazado por la presencia repentina de un ratón intruso, ajeno a esa jaula. De esta manera, ambos ratones «podrán interaccionar por contacto visual, olfativo, auditivo e incluso físico». Manifiesta que, de dicha interacción, el perjudicado principal será el ratón intruso, «ya que recibirá una agresión constante por parte del ratón residente como protección de su territorio». Declara Alberto que, tras repetidas exposiciones, el ratón intruso experimenta «un estrés psicosocial que se cronifica, lo que deriva en que manifieste un comportamiento de tipo depresivo. Por ello, se trata de un modelo de estrés crónico muy empleado para analizar las consecuencias comportamentales y biológicas relacionadas con la depresión».
Especialmente, el desarrollo de este comportamiento de tipo depresivo a consecuencia del estrés psicosocial «resulta de interés para el abordaje experimental de la depresión asociada al bullying en humanos«. A Alberto le pareció interesante evaluar qué sucedía en el cerebro del ratón residente o agresor. Por ende, estableció una hipótesis en torno al animal agresor, considerando que »el comportamiento agresivo que ejercía era una consecuencia del propio estrés crónico y la posible depresión subyacente que podría estar sufriendo«. Por hacer la analogía, quiso cambiar la perspectiva hacia al acosador en lugar de a la víctima, »pues parece lógico pensar que una persona que ejerce acoso sobre otra viene motivada por un estrés y dificultades emocionales propias«. Cree que es vital investigar en las víctimas los efectos de cualquier daño, aun así, concluye, »si el agresor no es analizado y sus problemas no son tratados, jamás se resolverá este dilema de raíz y continuará exhibiendo una mala conducta«.
Máster en Neurociencia
Una vez defendido su Trabajo de Fin de Grado y finalizar su Grado, en septiembre de 2022 comenzó a cursar el Máster en Neurociencia por la Universidad Complutense de Madrid. Acaba de graduarse en estos estudios tras pasar un año intenso, cargado de asignaturas, seminarios, charlas y congresos claves para el entendimiento de la fisiología y la patología del sistema nervioso. De entre todas esas actividades, se queda principalmente con lo aprendido bajo la tutela del Dr. José A. Morales-García, tutor de su Trabajo Fin de Máster (TFM) y gran científico y divulgador (@DrAstrocyte). Por lo que respecta al proyecto experimental de su TFM, se centró en la evaluación del «potencial neuroprotector y antiinflamatorio de diferentes compuestos psicodélicos para tratar la enfermedad de Parkinson«. Dice que se trata de la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después de la enfermedad de Alzheimer y »trabajamos con células que simulan su contexto patológico para probar estos posibles terapéuticos«. En particular, señala Alberto que emplearon »neuronas dopaminérgicas procedentes de la línea celular de neuroblastoma humano SH-SY5Y y células gliales extraídas de ratón, como modelos de degeneración dopaminérgica y neuroinflamación, dos sellos distintivos de la enfermedad de Parkinson«. Tras los prometedores resultados obtenidos en este trabajo, se torna relevante »la ruptura del estigma que han recibido los compuestos psicodélicos hasta la actualidad, con el fin de aprovechar los beneficios que presentan para la mejora de la calidad de vida de los pacientes del presente y del mañana«.
A Gómez le gustaría continuar su carrera profesional en el extranjero y está solicitando diferentes oportunidades en países como Reino Unido, Alemania, Holanda o Suecia. Dice que en España hay enormes científicos y la formación e investigación de este país «es envidiable», no obstante, «sigue estando a la cola en inversión en ciencia y en concienciación social de la misma». Le da pena ver cómo científicos brillantes no pueden terminar sus proyectos o emprender en otros nuevos por falta de financiación pública, e incluso por desgracia «conozco casos de estudiantes realizando su doctorado de manera gratuita durante los primeros meses». «He de asumir que parte del fallo es nuestro, de los científicos. No hemos sabido transmitir bien la ciencia y comunicarla para que interese a la población, y afortunadamente está emergiendo una gran ola de divulgadores que la difunden y reivindican los grandes descubrimientos que se llevan a cabo en España«. Poco a poco, espera que esa ola arrase y las instituciones públicas a las que »pagamos todos adquieran una mirada a largo plazo y ofrezcan a los científicos las condiciones de trabajo que se merecen«.
Sea España o cualquier otro lugar donde termine desarrollando su carrera, «me apasionaría continuar aprendiendo haciendo ciencia, porque hacer ciencia no es solo cacharrear en un laboratorio, el espíritu científico sale de él y se evidencia en cada debate, tertulia e intercambio de ideas. Todos llevamos un científico filósofo dentro, aunque no lo sepamos y no deberíamos perder jamás la ilusión de pensar de forma crítica». Aun anda dubitativo con respecto a la línea de investigación en la que embarcarse en el futuro, por lo que dedicará el próximo año a pensarlo con calma antes de dar el gran paso de un posible doctorado. Desde hace tiempo «me vienen interesando las investigaciones relacionadas con glioblastoma u otros tumores que afecten al sistema nervioso, así como el uso de organoides cerebrales como modelo para el estudio de enfermedades neurodegenerativas y trastornos psiquiátricos«. Espera que pronto pueda resolver esta incógnita y lo más importante, dice, »que allá donde se encuentren las soluciones de las incógnitas de nuestro futuro sean caminos que nos hagan vibrar y latir con fuerza«.
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El Diario Montañés
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