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Julia Corchuelo en plena faena de bolillos, su gran pasión en el hogar.
60 años de labores artesanales en el hogar

60 años de labores artesanales en el hogar

Julia Corchuelo Núñez es la protagonista del mes en esta sección tras haber recibido el reconocimiento de toda una vida envuelta en tejidos y transmitiendo enseñanza de la técnica en su taller de bolillos, macramé, calados, y otras técnicas nuevas

PEDRO FERNÁNDEZ LOZANO

Sábado, 11 de junio 2016, 11:16

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Julia Corchuelo Núñez recibió una placa por muchos años dedicada a las labores de bolillos, macramé, calados, por su compromiso, esfuerzo y dedicación al frente de un taller para la enseñanza de distintas labores. Gracias al empeño de Julia Corchuelo, jóvenes y mayores han rescatado la tradición que durante muchos años ejercieron los mayores. El concejal de cultura del Ayuntamiento de Guareña, José Luis Álvarez, y la presidenta de la asociación de mujeres La nacencia, Remedios Merino, entregaron una placa que recogía este mensaje de sacrificio durante cerca de 60 años rodeada de labores.

Su hija Gema Mancha encuentra en su madre las cualidades de ser una persona sociable, de mucho corazón y mucha paciencia. Cuenta que dedica mucho tiempo en su trono, sillón cómodo y semirrecto donde pasa horas y horas haciendo labores. Gema confiesa que ha heredado de su madre algo de corte, la costura me ha cogido tarde, lo que hago es patchwork (unión de trozos de tela bicolor); mi madre nos ha enseñado calado, hacer cruces, y otras labores, declaraba en plena feria de mayo cuando recibió su madre un reconocimiento a su trayectoria.

Niñez

Julia Corchuelo nace en la calle Hernán Cortés, número 108, el 20 de febrero de 1949. Su niñez la recuerda jugando por el regachón, regato que desembocaba en el arroyo Guareña cerca del puente de Molino Cañada, recuerda Julia cuando jugaba a los resbalones por los terraplenes del arroyo, aunque reconoce fue una niña que jugó poco en la calle. Aprendió más en casa. Su padre, fue Miguel Corchuelo Miranda, carnicero, casado con Carmen Núñez Rodríguez, matancera y ama de casa.

Nuestra protagonista del mes es la primogénita de tres hermanos. Ella, Fernando y José. Fue a la escuela de su maestra Concha Mancha, en la calle La Fuente, hasta los 13 años. Aprendió de Concha labores artesanales como el bolillo, pero Julia aprendió otras labores mucho antes, ya con 7-8 años experimentaba no solo las 4 reglas de matemáticas, lecturas, geografía, historia sino labores que le transmitía doña Concha.

Me gustaba de bien chica las labores y mi madre me inculcó más en la responsabilidad de acabar la tarea antes de irse a jugar, y era la última en llegar a los juegos de calle de la comba, al cáliz, el escondite juegos propios de su sexo, porque de niña no se jugaba mezclada con niños, podría verse hasta mal.

Julia muy pronto tuvo que traer dinero a casa, trabajando muchas horas fuera del hogar, en Frutos Selectos, espulgando uva en el paño. Iba y venía andando como la mayoría de la gente, y por la noche iba a la escuela.

Estudió corte y confección y es profesora en esta especialidad. Ya con 15 años lo era. Le gusta mucho la decoración y el diseño. Se emboba cuando ve revistas o visita exposiciones.

Otras aficiones

Otra de sus aficiones son las cosas antiguas y las macetas. Su casa está decorada con auténticas piezas de museo pertenecientes a sus antepasados. Las cuida como oro en paño. Conserva una artesa en pieza entera de corcho de muchos años; también mesa de sacrificio del cerdo, lo que se conoce por mesa de matá. No hay que olvidar que su padre fue carnicero que regentaba un puesto en la plaza de abastos.

De joven frecuentaba los paseos en invierno por la calle Grande y en verano por la zona norte del pueblo paseando por el parque San Ginés.

Disfrutó en una academia de costura, en Zaragoza, para perfeccionar la técnica. Se quedaba en casa de su tía Luisa durante seis meses que duraron las clases.

Matrimonio

En 1969 conoce a quien hoy es su marido, Manuel Mancha Núñez, criador de cabras, después trabajó con vacas y también trabajó duro en la ribera cerca del Guadiana. En 1971 se casan. Fruto del matrimonio tienen cinco hijos: Gema, Carmen, Manuel, Julio, y Emilia. He intentado enseñarles bolillo, sobre todo a Gema, pero no, a ésta le gusta más hacer cruces y lo hace muy bien, dice.

Técnicas de labores

En cuanto a las técnicas aprendidas y practicadas a lo largo de su vida domina como nadie las labores artesanales de costura, tales como el bolillo, calados, deshilados, macramé, patchwark, los bordados tipo inglés y el normal, punto smock (lo que llaman nido de abeja), bordado Hardanger (técnica noruega), ganchillos, punto de cruz, coger puntos de media, el medio punto, cortes de diferentes prendas, bordados en tul, bordado al trapo, punto de palestrina, punto yugoslavo, y las tres lagarteras (rústica, abierta, y las de hilos contados). Tuvo mucho interés en la revista Labores del Hogar que tiene cientos de ejemplares apiladas en cajas. Las compraba en la tienda de Sigifredo Fernández, recuerdo que en 1965 valían 15 pesetas y no me perdía un número

Entrar en casa de Julia es verla cómodamente sentada con su mundillo delante, almohadilla que sirve de soporte y sujeción de la labor de bolillos que va realizando; y maneja con una soltura fuera de serie los bolillos que sirven para enrollar el hilo en forma de espiral y sujetarlo en una entalladura que tienen en la parte superior, mediante un nudo que permite ir desenrollando el hilo. En esta labor se usan incalculables alfileres que sujetan los cruces de las guías, los enlaces, torsiones y bucles mientras realiza la labor. Y otros elementos imprescindibles son la hebra de hilo y el diseño. En todo este entramado laborioso Julia explica que está haciendo un abanico, dedicando dos horas al día y en una semana lo tiene terminado. Lo que hago nunca lo quiero vender porque me desprendería de ello, prefiero regalarlo a mis hijos o familia, pero nunca fuera del linaje, asegura.

Su taller

Dirige un taller en la asociación de mujeres La nacencia, todos los lunes durante tres horas. Lleva unos 20 años, aproximadamente, enseñando labores. Su alumna más veterana es Pili Serrano, desde principio hasta hoy no falla, pero he llegado a tener alumnas de hasta 80 años, dice.

Hoy Julia con 67 años recuerda y confiesa que ella siempre ha sido muy exigente. No me gustaba coser, aprendí para hacerme la ropa; teniendo bordado dejaba la costura de lado. Le gustan todas las labores y tiene capacidad para sacarlas adelante. Hoy vive tranquila en su barrio de San Ginés, rodeada de su familia y sus dos nietos cuando viene a visitarla (Adrián y Alejandro), hijos de Manuel. Mujer de méritos que ha sabido mantener una tradición durante 60 años, con justo reconocimiento público y toda una asociación de mujeres que adora el trabajo de Julia. Sólo falta que las generaciones venideras mantengan a flote una tradición artesana que no tiene precio cada pieza que se elabora. ¡Muchos años para Julia Corchuelo!

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