Hermenegilda Sánchez de 102 años en la puerta de su casa, en calle Cañadilla, con sus dos hijos. / Pedro Fernández

GENTE CERCANA

«No tengo sensación de vejez, parece como si no pasaran los años por mí, no me canso…»

Hermenegilda Sánchez cumplió y sopló las velas con 102 años. Una vida larga, de mucho sacrificio, con mucha alegría y buen carácter.

Pedro Fernández
PEDRO FERNÁNDEZ

Hermenegilda Sánchez Márquez «para servir a Dios y a usted», así nos recibe esta vecina en su casa que hace unos días ha cumplido la friolera de 102 años. Una vida larga de mucho sacrificio, de mucha alegría y buen carácter. Estas son las cualidades que encierra esta longeva mujer que vino al mundo un 8 de enero de 1919, según consta en su DNI.

Su familia entonces estaba trabajando en la finca El Cahozo, término municipal de Oliva de Mérida, cuando Hermenegilda vio la luz en plena pandemia de la gripe Española del 18, que duró hasta 1920. Se bautizó en Guareña. Sus padres, Gabriel y Antonia. Él, se dedicaba a trabajar en labores del campo, haciendo picón, carbón…, descuajaba jaras para la siembra de trigo y cebada; y ella, a las labores propias del hogar y a la crianza de los hijos: Santiago, Dolores, Consuelo (que con tan sólo un año moría), Inés, Hermenegilda y Marta. Suena extraño el nombre de Hermenegilda en una niña, raro incluso. Hasta feo. Pero con 102 años hasta suena bien Her-me-ne-gil-da, y gusta. Siempre se dice que a los mayores «respeto y dignidad», pero con esta edad todavía se acentúa el valor normativo del principio de la dignidad humana que consigue nuestra protagonista.

Momento en que Hermenegilda nos canta la canción de 'María de la O' (1933). / Pedro Fernández

«todo se lo llevaron»

De pequeña ayudaba en las tareas del campo. Hermenegilda espigaba, trillaba…«hacía de todo», dicen sus hijos que la cuidan. Mucho temió esta mujer lo ocurrido a su familia en la guerra civil, cuando los soldados les quitaron su sostenimiento, tales como las bestias, animales domésticos, comida, casa… «todo se lo llevaron». La guerra les dividió entre el Cahozo y Guareña. Siendo adolescente de 17 años, a Hermenegilda y su familia los montaron en el tren y se los llevaron a Valencia. Allí fueron cuidados por una familia. Cuando acabó la contienda y regresaron al pueblo, se encontraron desvalijada su casa en calle la Fuente, de Guareña. Hermenegilda, con todo su linaje, tienen que hospedarse en una casa de «gente conocida» en la calle Derecha y empezó a trabajar en labores de casa y «a servir un par de años a domicilio». «Nunca he pasado hambre, había mucha amistad y buenos tratos, en la finca del Cahozo y también en la familia valenciana», recuerda.

Pasan los años y el 26 de febrero de 1943 contrae matrimonio con un joven jornalero, Elías Robles Mancha, que fue encargado de la bodega de Juan González Carrasco. Fruto del matrimonio nacen Miguel, Gabriel y Francisca Antonia.

Siempre que sus hijos la llevan al campo, Hermenegilda se trae flores a su casa. / Pedro fernández

Muchos años de inquilinos

La familia Robles-Sánchez se traslada a la calle Cristóbal Colón, 27 (hoy La Cuesta). En este domicilio vive la familia durante unos 18 años con el padecimiento de un ictus que sufre el patriarca. Después se trasladan a la calle Pedro de Valdivia, 33, hoy Bronca, durante unos cinco años. Y finalmente recalan en el número 16 de Cañadilla, hasta hoy. Muchos años de inquilinos hasta comprar la casa de la calle Bronca que todavía es de la familia. Después Elías hereda la casa de Cañadilla de una tía suya, Catalina Villalobos, a la que atiende y asiste Hermenegilda. Esta fue la razón por la que adquieren la casa en herencia y desde 1968 residen hasta hoy en este domicilio donde han visto pasar a mucha gente buscando el fresco, camino al parque, a los cines, a la feria...

Hermenegilda rodeada de sus dos hijos y recuerdos de su marido, el día que cumplió 102 años y una placa que le regalón el Ayuntamiento de Guareña. / Pedro Fernández

«no tengo sensación de vejez...»

A principios del 2000 Hermenegilda es operada por cataratas de los dos ojos y «quedó muy bien», dicen sus hijos. Cuando cumplió 98 años, aproximadamente, pierde la audición del oído derecho. Actualmente cuida su salud con medicamentos por la tensión arterial, colesterol, protección al estómago y para la circulación. Ella se siente muy bien, lo dice con mucha alegría y vitalidad, «estoy como si tuviera quince años, no tengo sensación de vejez, hago todas las cosas todavía… parece como si no pasaran los años por mí, no me canso…», confiesa alegre, siempre muy alegre. Su hija Francisca Antonia vive en Barcelona, y en Guareña vive Hermenegilda con sus dos hijos, Miguel y Gabriel, quienes recuerdan que hasta hace unos años barría la puerta de casa, limpiaba… «pero ya le falla la vista», con lo cual hace unos tres años que viene «una asistente a casa». La memoria la va perdiendo poco a poco, pero conserva su alegría constante. No se enfada por nada y tiene un carácter siempre muy bueno, alegre y contenta. Todavía se ríe y mucho. Anda sin bastón y sus hijos de vez en cuando la llevan al campo y disfruta cogiendo flores, «le encanta coger flores del campo».

Como dice Mahatma Gandhi « a un rosa no le hace falta predicar. Le es suficiente difundir su perfume«. Y Hermenegilda todavía desprende aroma. Una flor de 102 años.