Rosa Blanco cuando fue homenajeada en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Guareña. / PF

SOCIEDAD

Muere Rosa Blanco Pulido la vecina de Guareña de mayor edad con 105 años

Era de Oliva de Mérida y lleva muchos años viviendo en la calle Salsipuedes de Guareña, rodeada de sus hijos y nietos

Pedro Fernández
PEDRO FERNÁNDEZ

Su nombre de pila que dice el DNI es, Rosa Trinidad, hija de Cecilio Blanco Rubias, de Oliva de Mérida, y de Nicasia Pulido Fuertes, sastra de La Zarza. Ha fallecido hoy a la edad de 105 años la vecina más longeva de Guareña, Rosa Blanco Pulido.

HOY Guareña la entrevistó en 2013 cuando tenía 96 años. No fue normal que un encuentro con la prensa se hiciera más tarde de las 23'00 horas de la noche, pero por deseo de la protagonista y sus hijos, así fue. Rosa estaba sentada en el sofá de su casa de Salsipuedes, 127, en Guareña, lugar donde residía desde hace muchos años, sonriente, recién cenada, nos recibió guardando su pañuelo en su manga izquierda y rodeada de sus tres hijos, Isabel, Cecilia y Pedro, frutos de su matrimonio con Guillermo Morcillo García (acontecimiento firmado el 26 de abril de 1948).

Con 105 años la hija de Nicasia no fue nunca a la escuela. No sabía leer ni escribir, pero ha sabido «salir» adelante y criar a sus hijos y «arrullar» a los descendientes de la estanquera de Oliva de Mérida. ¿Qué es esto de arrullar, Rosa?, le preguntamos en 2013, «con siete años arrullé a los hijos de la estanquera, los llevaba a la escuela, de paseo, los dormía...», contaba. Y esto es, acunar a un niño para dormirlo (de ro, ro..., sonido con que se arrulla a los pequeños).

Pese a los tiempos de penuria que muchas familias padecieron en los años 20, después la contienda civil y el remate con la posguerra, Rosa no pasó nunca hambre. No le faltó el comer. «Serví en casa de Joaquina Salgado, mujer de Juan Durán, y nunca me faltó nada», confesó Rosa en su día y ayudada de sus hijos a responder tras la sordera aguda que padecía.

Su esposo Guillermo era pescador de peces de río. Cuenta su hija Isabel que de noche iban a pescar en barca, «en pleno invierno y con las aguas heladas, mi padre venía a casa al amanecer con la carga llena para la venta que después mi madre realizaba en el mercado o por casas de puerta en puerta». Bogas, tencas, pardillas, bordallos... frescos peces del día que se arreglaban en ricos platos al moje, ajos de peces, fritos o adobados.

«Todavía me acuerdo cuando íbamos a la Casa del Pueblo con una cartilla a pedir cosas que necesitábamos en aquellos años, no me acuerdo bien... y con tickets pedí unas zapatillas», sonría Rosa contando esta historia. La sonrisa siempre estuvo presente en ella. Nunca llegó a maquillarse, le gustaron mucho los bailes, sobre todo los pasodobles, su estilo preferido.

Rosa Blanco ha trabajado mucho y ha hecho de todo, dicen sus hijos. «Ha recolectado algodón, aceitunas, ha espulgado uvas en Frutos Selectos, y en la viña que tenía limpiaba los troncos de las cepas, curaba, deshojaba, quitaba las malas hierbas y demás labores necesarias de la viña; además vendía ranas pinchadas en juncos, tagarninas, espárragos...», lo contó su hijo Pedro. «Le ha gustado mucho las macetas, con locura se diría, ¡buh!... más de cien ha juntado en el patio de casa», decía Cecilia.

Tuvo una vida tranquila hasta hoy jueves 28 de julio de 2022, cuando aparecía su nota necrológica de haber fallecido a la edad de 105 años. Esta mujer simpática que desafió al tiempo, se entretenía haciendo ganchillos y enseñaba con orgullo sus obras artesanales.

En la actualidad, de revisión y de reivindicación constantes de diversos y múltiples patrimonios mundiales, es necesario apostar por el reconocimiento que la vejez debiera ser patrimonio inmaterial de la humanidad.